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Juventud y violencia: Una mirada a través del maltrato animal

Es común asociar la crueldad de los niños hacia los animales con su curiosidad y desarrollo humano. Aunque esto puede ser cierto, es fundamental no subestimar la intensidad, frecuencia y motivación detrás de tales acciones. En lugar de considerarlo simplemente como una fase normal, es imperativo abordar estos comportamientos con la seriedad que merecen, reconociendo el impacto potencial en el desarrollo infantil.


Cuando un niño o niña crece inmerso en un entorno marcado por la violencia, ya sea como testigo, víctima o perpetrador, diversos factores pueden motivarlos a infligir daño a los animales. Por ejemplo, aquellos niños que experimentan impotencia al ser maltratados por adultos a menudo buscan recuperar el control y obtener una sensación de poder a través de sus acciones. Iniciar el abuso hacia animales domésticos puede convertirse en una expresión de esta necesidad de dominio. Además, estos niños pueden recurrir al abuso hacia un hermano o compañero como medio de venganza o manifestación de maltrato emocional.


Comprender las situaciones de maltrato hacia los animales en niños es esencial para implementar estrategias de intervención adecuadas. Estas acciones no solo sirven como indicadores, sino también como predictores de futuros actos violentos. El maltrato animal se considera un criterio de diagnóstico en algunos trastornos de conducta infantil.


Cuando los niños son testigos de abusos, existe el riesgo de que desarrollen insensibilidad y tolerancia hacia la violencia, perdiendo gradualmente la capacidad de sentir empatía por las víctimas. Reconocer el maltrato animal como una forma de violencia es crucial para diseñar enfoques preventivos y terapéuticos que aborden de manera integral las complejas implicaciones de estos comportamientos.


Numerosos niños, especialmente varones, se involucran en actos crueles hacia animales en algún punto de su infancia, y lamentablemente, algunos de estos individuos se convierten en amenazas para la sociedad. Un ejemplo notorio es el caso de Luke Woodham, cuya historia está bien documentada; perpetró el asesinato de su madre y dos compañeros de escuela, y previamente torturó y mató a su propio perro (Ascione, 1999). Por otra parte, diversas investigaciones indican que muchos tiradores escolares a menudo han protagonizado actos de crueldad animal en su pasado.


A pesar de ello, esta conducta se minimiza con frecuencia como simple travesura infantil, sin considerar las consecuencias a largo plazo. Como advierte Arkow (2001), estos niños aparentemente inofensivos crecen para convertirse en adultos violentos, resaltando la importancia de abordar y comprender la crueldad animal como un posible indicador de riesgo para futuros comportamientos peligrosos.


La influencia de la familia y del entorno social en la vida de los niños desempeña un papel fundamental en la comprensión de la conducta violenta, incluyendo el maltrato animal. La investigación, como la realizada por Widom (1989) y otros estudios, ha evidenciado que aquellos que han experimentado abuso y negligencia en la infancia tienen un mayor riesgo de convertirse en delincuentes y potenciales criminales violentos en la adultez.


La crueldad hacia los animales se integra a menudo en el panorama de la violencia en el que los jóvenes están expuestos. Actualmente, estimar el número de animales afectados por estos abusos resulta desafiante. Siendo imperativo informar a padres, maestros, educadores y a los propios jóvenes de que el maltrato animal puede ser un indicador significativo de propensión a la violencia y perturbación psicológica, que no debe ser pasado por alto. 


Por otra parte, presenciar maltrato hacia los animales constituye una forma de exposición a la violencia que debe evaluarse de manera regular, ya que puede tener efectos significativos en el desarrollo de los jóvenes (Boat, 1999). Dado que los niños a menudo establecen vínculos profundos con sus mascotas, presenciar el abuso violento o la muerte de una mascota en manos de otros puede resultar emocionalmente devastador. Siendo así, esencial reconocer la conexión entre el maltrato animal y la predisposición a la violencia, abogando por una atención temprana y una intervención adecuada para garantizar un desarrollo saludable y prevenir futuros comportamientos perjudiciales en la sociedad.

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